SALMO
DEL SUR OCCIDENTE COLOMBIANO
Grupo Juvenil Yeshua-R.C.C. Popayán (Colombia) Las orquídeas que en los cafetales nacen, pedazos de atardeceres de la aurora llueven y poco a poco en la mañana germinan. Las palmeras del Atlántico, brochas permanentes de una pintura que siempre es hermosa y nunca es la misma. Los manglares del Pacifico, representantes de la parábola del árbol con raíces al agua para vivir y del cielo las columnas ser. Las playas de la Guajira, lienzo de pureza, el tapete infinito del Creador caído al mar. Las estepas de la amazonía, esmeraldas a mi Madre adornan, María la Señora de la naturaleza misma. La magia de los llanos, dorados sagrados en ráfagas se desdoblan y te acarician en miradas profundas de tiernos lechos. El frailejón de los paramos, pequeños trozos de barba caídos en las alturas, entrelazados con brisas suaves de Sabana capital, aliento divino del Padre. Patria. Manto de plata, oración semilla del Agua de Samaria. El Valle del Cauca, arados de miel, follajes del cielo. Caminos de azúcar embriagados con néctar de vino. Cerca a la casa donde sembró Isaac junto a su amada, la noche en el día, manantiales del amor hacia sus hijos de tres cordilleras, dos mares, la selva y la llanura. En esas engalanadas nubes con color violeta y el cielo oro pálido, donde corrientes bulliciosas del Cauca nos unen con ellas. Palmira tierra de magia, vientre del arte. Allá, en tintineos de notas profundas de mi América no descubierta, se te alaba a ti Padre. Fuego de tu Espíritu surge en sus melodías que a mi corazón alegra y aviva tu esperanza. Nariño, tus dos torres: el Azufral y el Galeras, al Poderoso gritan. Montañas de misterio te forjan, tierra de vida. Sembrar en tus entrañas la mostaza y con alabanzas en oración que los ángeles, nos recojan. Unirnos entonces todos. Hoy, en el crepúsculo versos presentes de mi bella blanca ciudad, madre del sabio sin cuenta en las estrellas, del poeta estupefacto, del rebelde yaciente y Yeshua en la montaña de Belén. Un nuevo temblor se avecina, caerán los muros de indiferencia y renacerá la Palabra del Espíritu. Recordando entonces salmos milenarios con un mundo temeroso de la Luna en sangre y el sol oscuro que lágrima a lágrima poco a poco llega... Elevar nuestros ojos, observar como la noche es colgada por alfileres blancos y gritar: ¡Esperanza infinita!. Madre Santa, si la muerte a de venir pues que venga con tus ojos... Arranca mi alma porque no aguanta más la espera. Mariposa es ella, con sus alas completas en tu regazo, volar a los clavos perpetuos que en la cruz sostienen al infinito Creador, posarse siempre a sus píes y adherirse con el néctar divino de su sangre. Por eso, cantando en el día, en la noche y en todo tiempo, Cauca, Nariño, el Valle y toda Colombia, en oración perfecta, alabarte Padre nuestro, desde ayer, ahora y siempre. |